Yo quiero ser el líder

Dr Michael Meir - Psicoterapeuta, Licenciado en consejería de Salud Mental del estado de New York

Toda persona tiene la capacidad liderar a otros; pero no todos tienen el carácter para sostener en el tiempo ese inmenso compromiso.

Cada ejercicio del liderazgo, independientemente el área donde se ejerza, trae consigo no sólo extraordinarias recompensas y reconocimientos, también grandes responsabilidades y riesgos que deben asumirse sin tardanza.

El liderazgo no es un traje que te quitas cuando el calor de las responsabilidades te hace sudar. De hecho, asumir cada uno de los riesgos de es lo que provoca semejante distinción.

Motivaciones incorrectas

Es común toparse en la vida con personas cuya única motivación es recibir recompensas y elogios por lo que hacen. Persiguen aplausos, cargos, títulos y posiciones, omitiendo los riesgos y responsabilidades que implica ser un referente ante los demás.

Este tipo de motivaciones, suelen llevar a las personas una profunda frustración de vida. Su interés nunca está puesto en el servicio a los demás si no en aquellas acciones que lo hacen ver como alguien virtuoso.

A decir verdad, es un proceso normal en toda persona querer ser reconocido en justa medida por lo que hace, pero es importante comprender que cuando esto se convierte en la única motivación, nada de lo que se logre puede ser sostenible en el tiempo. Tarde o temprano se desmorona.

Reconocimiento de otros

Cuando hablamos de un verdadero liderazgo nos referimos a un titulo que dan las personas. Es el reconocimiento que otros otorgan de manera espontanea y genuina a alguien que de alguna manera u otra es influyente en sus vidas.

No se puede dirigir a la fuerza, con manipulación o chantaje. Se necesita carácter, empatía y mucha responsabilidad para poder ser un buen referente para otros. 

Es normal que cuando el líder se impone, la rebelión se manifieste. Es algo natural en el ser humano, revelarse ante todo aquello que intenta doblegar su voluntad. Por ello, muchos modelos políticos totalitarios no transcienden en el tiempo, pues todo aquello todo aquello que tiene característica imperativas es rechazo por las masas.

El verdadero liderazgo inspira, impulsa y desarrolla a otros con su ejemplo. Asumiendo riesgos, demostrando carácter y generando la empatía correcta para ser reconocido.

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